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lunes, 28 de julio de 2008

LOS LADRONES ¨CRUCIFICAN¨ A LAS IGLESIAS


En la actualidad, la cifra de robos ha disminuido tanto en comparación con los años 70 y 80 como con 2005, cuando se produjo la última gran oleada de expolios de arte sacro. A ello han contribuido varios factores. Uno de ellos es la instalación de sistemas de alarma, «que ha disuadido a no pocos ladrones de efectuar sus fechorías», indica el delegado diocesano de Patrimonio, Juan Álvarez Quevedo.La sola colocación de una alarma ya provoca recelo entre los malhechores. Un ejemplo clarificador. Hace dos años la iglesia de Villadiego sufrió un intento de robo. Los ladrones abrieron la primera puerta, pero tras observar el pilotito de la alarma parpadear se echaron atrás y abandonaron el pueblo. «Y después comprobamos que si hubieran traspasado la segunda puerta, la alarma no hubiera funcionado, ya que era muy vetusta», relata Álvarez Quevedo.No es la única circunstancia que ha contribuido a espantar a los cacos. Cada vez es más difícil colocar esas obras de arte sacro en el mercado internacional. Los coleccionistas se arriesgan cada vez menos, porque la normativa de la mayoría de los países -incluida la Ley de Patrimonio de Castilla y León- obliga a catalogar todas las obras para facilitar su seguimiento. «Hace poco, la Policía italiana nos envió una relación de obras de arte encontradas en ese país algunas de las cuales estaban datadas en Burgos, y las recuperamos», afirma.Resulta también muy complicado en este momento robar una obra de arte y buscar comprador -sin tenerlo de antemano-. El ejemplo de lo ocurrido en el mes de marzo en Villagómez es revelador. Fueron robadas varias obras de arte de su iglesia y a los pocos días fueron depositadas en la Iglesia, dado que los ladrones no supieron ni que hacer con ellas.La última gran oleada de robos que asoló Burgos en la primavera de 2005 terminó con la detención de sus responsables y la recuperación de prácticamente todas las obras sustraídas, lo cual revela también las dificultades de los cacos para desprenderse de los objetos robados.Aquella oleada de expolios afectó a la provincia pero también a Palencia, Zamora y León. Dos ladrones de arte sacro lograron robar piezas de gran valor de nueve municipios burgaleses. En julio de ese año serían detenidos y recuperados la práctica totalidad de los objetos.Alcaldes y párrocos recuperaron hasta 44 piezas, aunque la mayoría hubo de pasar por el Taller de Restauración de la Diócesis. Fueron un palentino y un segoviano los que presuntamente cometieron los expolios en nueve templos de la provincia de Burgos y varios más en Palencia, León y Zamora.El Cuerpo Nacional de Policía daba en junio de ese año por zanjada la investigación con la puesta a disposición judicial de J.V.M. y J.E.E. Los pueblos afectados fueron Castrillo Matajudíos, Villorejo, Grijalba, Sotillo y Viloria de Rioja, Castrillo y Valtierra de Riopisuerga y Arcellares del Tozo. Solo faltan por localizar seis pequeñas columnas y dos paneles, de este último municipio.La instalación de alarmas en los templos tampoco garantiza la seguridad de las piezas. Muchos pueblos están asentados lejos de las cabeceras de comarca donde hay cuarteles de la Guardia Civil. Y las patrullas no son suficientes para tener controlada toda la geografía de la provincia. En una ciudad, el sonido de la alarma puede tener un efecto disuasor en los asaltantes, que casi siempre salen huyendo por temor a la llegada, primero de vecinos, y luego de la Policía, se quejan algunos párrocos.Generalmente los ladrones actúan por la noche. En pueblos prácticamente deshabitados con vecinos por lo general muy mayores es difícil que el sonido de la alarma asuste a los ladrones, más bien asusta a los propios habitantes.Las alarmas, por tanto, no son la solución si las patrullas no están cerca del municipio donde se produce el robo. Desde que el cuartel, conectado a la alarma, da el aviso al coche más cercano y éste se dirige al lugar del suceso, puede pasar hasta una hora, en zonas donde las carreteras están además en mal estado.

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